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Zapatero elude una declaración institucional pública y decreta un solo día de luto en toda España.
Varias Comunidades gobernadas por el PP convocan tres días de luto en sus territorios mientras otras dirigidas por el PSOE asumen la tesis de Moncloa, con uno. La Familia Real acude a la Nunciatura a dar el pésame El duelo oficial será de más de tres días en muchos países de mayoría católica Misas y procesiones bajo una intensa lluvia en Jerusalén Cuba olvida las demandas de libertad pese a alabar su trayectoria y compromiso social Jornadas de luto y tañer de campanas en pueblos y ciudades de toda España España se volcó con él Visitas: 5208Puntuación: 7,2 Envíos por email: 2 Impresiones: 58 Lo más destacado Visitas: 5208Puntuación: 7,2 Envíos por email:2 Impresiones: 58 Lo más destacado MADRID. La muerte del Papa ha llevado al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a decretar una sola jornada de luto oficial en España -hoy lunes-, hecho que contrasta con la decisión de países como la Cuba de Fidel Castro; Chile o Portugal, ambos con Gobiernos socialistas; Egipto y Líbano, los dos de mayoría musulmana, que han decretado tres; o como la Venezuela de Hugo Chávez, cinco días, e incluso Brasil, presidida por Lula da Silva, con siete días. Francia decretó un día. Zapatero, a quien el Papa ha recibido en audiencia dos veces, una en España cuando era líder de la oposición y otra en el Vaticano, ya como jefe del Ejecutivo, ha optado por delegar en su vicepresidenta, Teresa Fernández de la Vega, la tarea de transmitir en persona al Nuncio en España, Manuel Monteiro, el pesar del Gobierno. De la Vega destacó el pontificado «extraordinariamente activo y comprometido» de Juan Pablo II, «quien dedicó todos sus esfuerzos al mundo entero». Pero Zapatero, al contrario que otros líderes mundiales como George Bush, Tony Blair, los propios Lula y Chávez, el argentino Néstor Kirchner, el chileno Ricardo Lagos o el primer ministro israelí, Ariel Sharon, entre otros muchos, ha preferido hasta el momento no convocar ninguna comparecencia institucional. Tampoco asistió a ningún acto religioso público, algo que sí hicieron por ejemplo Jacques Chirac y su primer ministro, Jean-Pierre Raffarin, junto a 10.000 personas en la catedral de Notre Dame de París, o Jorge Sampaio en Lisboa. Blair hará igual hoy en Westminister. Zapatero sí remitió anteanoche un telegrama al Vaticano en el que expresó su «hondo pesar» y sus «más sentidas condolencias a todos los miembros de la Iglesia». «El fallecimiento de Su Santidad -afirma- representa la pérdida de una de las figuras mundiales más relevantes de la historia reciente. El Pontífice mantuvo con extraordinaria dignidad y hasta sus últimas horas un compromiso inquebrantable con la búsqueda de la paz para el mundo y la solidaridad entre los hombres». Nada más conocer la noticia del fallecimiento del Papa, el presidente del Gobierno también decidió suspender su viaje previsto ayer a San Sebastián para su primer mitin en la campaña electoral vasca en apoyo de Patxi López. Los principales partidos, el PNV-EA, el PP y el PSE cancelaron sus actos. El ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, anunció que a las exequias de Juan Pablo II acudirá una nutrida representación del Ejecutivo que estará encabezada por Zapatero. También acudirán el propio López Aguilar y previsiblemente, entre otros, Miguel Ángel Moratinos y José Bono. En sustitución de Zapatero, diversos miembros del Gobierno escalonaron elogios a la figura del Papa durante su Pontificado. Fue el caso de López Aguilar, que alabó el «compromiso» de Juan Pablo II con los jóvenes y los más pobres y en favor de la paz; de José Bono, quien destacó que el «contenido moral» de su pontificado ha sido «el más importante de la historia de la Iglesia» junto con su «pacifismo contundente»; o de Miguel Ángel Moratinos, quien ensalzó el papel del Papa en el «derrumbe de muros psicológicos, políticos e ideológicos» y en la reconciliación de Europa. Rajoy: «Deja una huella imborrable» Y aparte de la jornada oficial de luto en toda España, Comunidades presididas por el PP como Madrid, la valenciana, la Xunta de Galicia o Murcia han decretado tres días. Otras, como Andalucía, Asturias o Aragón, con presidentes socialistas, han asumido la tesis del Gobierno central de convocar un día. Castilla-La Mancha, gobernada por el socialista Barreda, convocó tres. El líder del PP, Mariano Rajoy, acudió a una misa en Santiago de Compostela y leyó una declaración en la que destacó la «huella imborrable» dejada por el Papa en la humanidad: «Estamos ante la desaparición de una extraordinaria persona de bien y un infatigable defensor de la concordia». El lendakari vasco, Juan José Ibarretxe, aludió al Papa como «un líder espiritual y social» y el responsable de CiU, Artur Mas, lo definió como «un arquitecto de la paz». Desde la izquierda, el líder de IU, Gaspar Llamazares, dio su pésame a las católicos, pero censuró el «papado conservador» de Juan Pablo II, y Pasqual Maragall, presidente de la Generalitat, destacó la ambivalencia del Papa, que ha sido una figura «tradicional y a la vez moderna» y «un símbolo de este mundo». ERC no habló. Javier Solana, responsable de la Política Exterior de la UE, lamentó que el mundo haya perdido a «un líder espiritual inolvidable y a un inteligente campeón de la paz». |